MUJERES CONTRA LA TRATA

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Madre de joven tucumana secuestrada …

Madre de joven tucumana secuestrada dice que “policías y proxenetas son la misma basura”

AFP

Susana Trimarco, madre de Marita Verón, desaparecida en Tucumán en abril de 2002.

Pablo E. Chacón
Buenos Aires, Argentina

 

El 8 de marzo de 2007, cuando Condoleeza Rice, en Washington, Estados Unidos, condecoró como mujer del año a Susana Trimarco, muchos se enteraron de que esa señora de 53 años era la madre de Marita Verón, la joven secuestrada en pleno centro de la ciudad de Tucumán la mañana del 3 de abril de 2002. Ese secuestro reactivó el interés de los medios (y finalmente del gobierno nacional) por una práctica de vieja data en Argentina: la trata de blancas, que se había cobrado otra víctima, y que no sería (ni será) la última, a pesar de los múltiples esfuerzos por hacer visible un delito cuyo crecimiento, durante los últimos cinco años, parece casi imparable en toda América Latina.

Marita, 23 años, madre de Micaela, casada en primeras nupcias, salió de la casa de su madre, donde había pasado la noche, para hacerse unos exámenes médicos de rigor; desde entonces desapareció de la faz de la Tierra. Su caso repetía otros miles, hasta el escenario y el modus operandi: una capital de provincia, una mañana, frente a testigos que contaron que vieron cómo matones a cara descubierta empujaban a la joven al interior de un remise que se perdió a toda velocidad por las calles de la ciudad. Es inevitable: la metodología recuerda la de los secuestros practicados por la policía y los por militares durante la última dictadura en Argentina.

Pero “desapareció de la faz de la Tierra” sólo es una manera de decir, porque la primera que puso en duda que las cosas fueran sólo de esa manera, después de buscarla en los hospitales y antes de escuchar incluso la versión de esos testigos que, después, misteriosamente enmudecieron, resultó la madre de Marita, que sospechó algo raro desde el principio, que la buscó (y que la busca) por lugares inimaginables. A cualquier cronista acostumbrado a lidiar con computadoras y anónimos que cobijan el nombre de la cobardía le resulta difícil asociar tanta tenacidad y coraje con el cuerpo de esta mujer frágil y amable que no llega al metro sesenta y cinco, y que no ceja en su misión: primero, encontrar a su hija, según todos los indicios, víctima de una red de tratantes de alto poder logístico y con múltiples conexiones en el universo policial, judicial y político del noroeste argentino; y segundo, denunciar a los gritos, a los cuatro vientos, esas complicidades hasta conseguir el apoyo del gobierno nacional primero y del Departamento de Estado después, así como el de infinita cantidad de organizaciones no gubernamentales y periodistas que se pusieron a investigar cuál era el límite del tráfico de personas destinadas a la explotación sexual y laboral en esa provincia y en el país entero.

Los resultados fueron sorprendentes. Pero antes de los premios, las condecoraciones y los aplausos, Trimarco tuvo que hacer el trabajo “sucio”, el trabajo a pulmón, sin un centavo, disfrazarse de prostituta, meterse en todos y cada uno de los prostíbulos y “whiskerías” tucumanas, riojanas y santiagueñas. Liberó, con la ayuda del comisario retirado Jorge Tobar, a más de cien jóvenes y niñas secuestradas y esclavizadas por proxenetas de la zona. Ignoró las cartas marcadas y a los agoreros. Peleó contra el escepticismo sólo con su fe y su desesperación, mientras el marido de su hija y el suyo caían en el desánimo y la depresión.

Susana Trimarco también repetía una historia trágica, la de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, que salieron de la cueva a vocear y a pedir por sus hijos desaparecidos sin que los militares atinaran a detenerlas, tan sorprendidos por esa disidencia en un país atenazado por el miedo y por la complicidad civil que golpeó la puerta de los cuarteles después de divertirse un poco con las “excentricidades” juveniles de las organizaciones de la izquierda revolucionaria. Fueron las madres, no los padres. Los militares reaccionaron matando e infiltrando “topos” (como Alfredo Astiz), compartiendo asados con los políticos y los sindicalistas que los iban a reemplazar, como en este caso los estados provinciales pusieron al frente de las investigaciones sobre prostitución y trabajo esclavo a jueces y fiscales de probada nulidad y seguro fracaso, y a los mismos policías que manejaban el negocio, cuya “parte del león”, en muchos lugares, era (y es) parte del financiamiento de las “cajas” políticas. La demagogia antipolítica que atraviesa la Argentina contemporánea confunde deliberadamente la práctica política con la “caja” política. Pero eso no es asunto para hablar ahora con Susana Trimarco. Se la nota cansada, es que los últimos días resultaron agitados. Terra Magazine conversó en forma exclusiva con Trimarco en Buenos Aires, en un departamento de la Fundación María de los Angeles, recientemente inaugurada en Tucumán. Los muebles están atestados de legajos, documentos, expedientes, estadísticas y planillas.

Entrevista

Terra Magazine: Hace unos días estuvo en La Rioja, en Villa Unión (a 300 kilómetros de la capital riojana), atendiendo en persona las excavaciones que se hicieron buscando el cuerpo de su hija, ¿es así?
Trimarco: Sí, se me acercó una persona en un hotel y me dijo que sabía dónde estaba enterrada Marita. Al principio no le presté atención, pero el hombre insistió y me dio tres o cuatro datos que poca gente conoce, datos que están en la causa y que me hicieron pensar que tal vez en la advertencia hubiera algo, aunque fuera a encontrarme con lo peor. Así que por una orden del juez (Alejandro) Arce, un escuadrón de la Gendarmería (el número 54) empezó las excavaciones.

Terra Magazine: ¿Quién era el hombre que se le acercó?
Trimarco: No puedo dar el nombre. Es parte del secreto de sumario. No se lo acusó de falso testimonio porque todavía, al contrario de lo que están diciendo algunos medios, las excavaciones no terminaron. En esa zona se había encontrado un cuerpo y es probable que haya otro, de una chica mendocina. Pero Marita no está allí, nunca estuvo. Mentiras como esa tuve que soportar muchas veces, pero ahora las autoridades cambiaron, y la acción coordinada permite detener a los embusteros para que den cuenta de sus dichos. Ese hombre sabe algo más y no lo dijo. Está demorado.

Terra Magazine: Hubo movimientos en dos lugares.
Trimarco: Exacto, bajo un monumento a la Difunta Correa y, después, en el santuario de San Eugenio, donde siguen trabajando. Están buscando otros cadáveres. Yo hablé con la gente del lugar, que me aseguró que nunca nadie había visto a Marita por ahí (se detiene)… Ellos dicen que está enterrada otra chica, Olga, que según nuestros registros fue asesinada hace más de diez años, pero Marita no. Y también habría otra chica (que ya fue encontrada).

El abogado de la familia Trimarco, Carlos Garmendia, le dijo a Terra Magazine que los datos que habían recibido “nunca aseguraron que Marita pudiera estar enterrada bajo el túmulo alzado a la Difunta Correa. Después hubo una corrección, y la Gendamería se desplazó unos kilómetros, hasta el santuario de San Eugenio, sin resultados tampoco. “Nosotros preferimos pensar que ella está viva, pero Susana (por Trimarco) está pasando unos días terribles”, dijo el letrado, antes de la aparición de uno de los cuerpos.

Terra Magazine: ¿Cuáles son las últimas informaciones sobre el posible paradero de su hija?
Trimarco: Hay varias pistas que prefiero no nombrar para no levantar la perdiz. Pero hay varias, insisto. Es posible que haya estado en España, pero es más probable que no haya salido del circuito de prostíbulos riojanos y tucumanos. Yo no voy a parar de buscar. Es mi hija. Eso es todo lo que me mueve. Y tanto es así que yo fui a cada prostíbulo, yo me disfracé, simulé, hablé con gente inmunda. Y nunca pude verla. En La Rioja nomás, me metí en más de cuarenta prostíbulos y liberé a más de cien chicas. Pero nunca se vuelven a sentir seguras. En ese momento, menos, porque no teníamos recursos y porque nadie abría la boca. Los tipos que vieron cuando se la llevaban a Marita saben que eran empleados de la “Chancha” Ale (dueño de una flota de remises en Tucumán) y, sin embargo, ninguno fue a declarar: dijeron algo y después se callaron, o los callaron. Ahora tenemos recursos aportados por el Ministerio del Interior, por el doctor Aníbal Fernández y por el Departamento de Estado norteamericano. Si no, ¿cómo voy a hacer para financiar la Fundación, que las chicas rescatadas tengan dónde dormir, tengan ayuda psicológica, puedan comer y estar seguras? Porque estos delincuentes, como el ex gobernador Angel Maza (de La Rioja), sabían, sabían todo, lo de los prostíbulos y dónde estaba Marita. La Policía quiso cerrar la causa, porque los policías son los primeros involucrados en este negocio. Los proxenetas y los policías son la misma basura. Cuando aparece alguien como la gente, como Tobar, lo anulan, lo traban, lo vuelven loco. ¿Cómo puede ser que el jefe de la policía provincial durante la época de Maza tuviera una mansión ganando dos mil y pico de pesos?

Terra Magazine: Usted habla de La Rioja, pero en Tucumán la situación no parece mejor.
Trimarco: ¡Por favor! Es todo lo mismo. Pero a Marita la vieron, tengo cuatro testigos, en varios prostíbulos riojanos. Y son pruebas concluyentes. Yo tengo que cuidar a esas chicas que logramos sacar de la prostitución, porque su testimonio es fundamental. Rescaté a Andrea Darrosa, a quien habían llevado a Misiones. La tuvimos que esconder. Dos veces la fueron a buscar. Está aterrorizada. Pero repito, todo esto es por mi hija, todo este esfuerzo que hago… Agradezco la colaboración del nuevo gobernador riojano, (Luis Beder) Herrera, y de su secretario de Derechos Humanos, el doctor (Luis) Bordón. Pero no puedo perdonarles a los anteriores lo que hicieron con Marita. Nunca. A Tobar lo enloquecieron, casi se muere de un derrame por el estrés, llegó a tener 25 puntos de presión, sólo porque un juez, (Daniel) Moreno, le avisó al proxeneta que tenía a Marita que íbamos a buscarla. La sacaron por la puerta de atrás. Estuvimos a cinco minutos de salvarla¿ Fíjese usted, este juez que acaban de destituir, (Walter) Moreno, es de esa época. Ahora va a ir preso por otro asesinato, pero no nos olvidemos que trabajaba en Villa Unión, y que ahí desapareció la chica suiza, la turista (Annagreth Wurgler, por cuya desaparición fue condenado a 22 años de prisión el empresario hotelero Alcides Cuevas). El cuerpo no apareció nunca, y el juez que tenía la causa era este Moreno. Apareció la bicicleta de la chica, como por arte de magia, seguramente guardada en algún lugar. Es una mafia repartida en todo el país.

La policía tucumana sigue sin poder allanar “locales” (prostíbulos) porque figuran como “bares”. Trimarco dice que “hay que insistir, no darse por vencidos”. Sabe que la causa está estancada, que pasaron años y que echar luz sobre la verdad y hacer justicia, a esta altura, pasados seis años, sería un triunfo personal (y colectivo), una hazaña casi milagrosa. Son temas de cuidado, por razones que conviene deducir casi en silencio. Susana Trimarco dice que la Ley de Trata que acaba de aprobar el Congreso de la Nación no es perfecta, pero que es un paso adelante: que hay que quejarse menos, “menos computadora y más calle”, asegura, aunque sepa, secretamente, que su causa (que tiene más de diez imputados y pasará a juicio oral), acaso no esté perdida, pero que ella ya hizo casi todo lo que podía hacer.

» Hable con Pablo E. Chacón

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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