MUJERES CONTRA LA TRATA

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El tráfico de personas en el mundo

La esclavitud empieza fuerte el siglo

http://www.lavozdeg alicia.es/ mundo/2008/ 06/15/0003_ 6906510.htm

El Departamento de Estado norteamericano estima que el año pasado se traficó con 800.000 personas entre fronteras y documenta actividad negrera en 155 países

Leoncio González

Sandro tenía 32 años cuando se le acercó un gancho en Tijuana que lo animó a ir hasta la frontera con Estados Unidos. Ni que decir tiene que el gancho sabía a qué hora se producía el cambio de guardia y que, con esa información, lo tentó para que cruzara, instruyéndolo sobre a qué lugar dirigirse para no tener problemas. Sandro se encaminó hacia allí, entusiasmado al ver que nadie le daba el alto. Y cuando ya creía que le había sonreído la suerte, comprobó que era un espejismo. Los dos traficantes que lo recogieron en el sitio convenido lo condujeron a un piso franco en el que fue recluido, atado y violado. Así, sin más. Quebrada su voluntad, lo transportaron a punta de pistola a San Diego y lo obligaron a trabajar en la construcción sin cobrar nada.

Al otro lado del mundo, en China, Shen acababa de cumplir 16 años cuando un hombre le ofreció un trabajo bien remunerado. También se entusiasmó. Y también supo enseguida que no tenía motivos para hacerlo, pues lo empujaron a una furgoneta, en la que había otros doce chavales de su edad, en la que los transportaron sin más miramientos que al ganado hasta una fábrica de ladrillos remota. Tenían que trabajar 20 horas seguidas y estaban infraalimentados, pero los capataces los golpeaban con barras de hierro cuando su ritmo decaía. Shen veía llegar a agentes uniformados, pero pronto se dio cuenta de que no iban para inspeccionar las condiciones que soportaban él o sus compañeros. Iban a cobrar por hacer la vista gorda.

También la rumana Lila creyó acariciar un sueño cuando conoció a un hombre que le prometió un trabajo de vendedora en el Reino Unido. Pero cuando llegó a la isla comprobó que donde había entrado, realmente, era en una pesadilla. Sin saberlo, había sido vendida a un proxeneta que la colocó en la disyuntiva de prostituirse o pagar su desobediencia con la vida. Intentó fugarse pero fracasó, le confiscaron los papeles y las palizas fueron, además de brutales, cotidianas. Tan devastadoras, tan sistemáticas, como las violaciones que sufrió Mary, una keniana que cayó en las garras de un turista que estaba de caza en su país y que deslizó prometedoras palabras en su cabeza para que lo visitara en Alemania. Cuando por fin lo hizo, le quitó el pasaporte y la convirtió en carne de burdel.

Industria pujante

Los casos de Sandro, de Shen, Lila o Mary son solo algunos de los que documenta el informe que acaba de hacer público el Departamento de Estado norteamericano sobre el tráfico de personas en el mundo, una investigación estremecedora que demuestra que, lejos de estar en el pasado, enterrada en los libros de historia, la esclavitud se ha convertido en una industria pujante que cada vez abarca a más países, destruye a un número mayor de personas y contamina más ramas de la economía.

El estudio calcula en 800.000 los seres con los que se trafica anualmente entre países, aunque la cifra no incluye a los millones con cuyas vidas se comercia a la fuerza dentro de sus propias fronteras. Ocho de cada diez víctimas transnacionales son mujeres y niñas destinadas a la explotación sexual o al servicio doméstico, y uno de cada dos son menores, muchos de los cuales son vendidos por sus propias familias. Según la Organización Internacional del Trabajo, ascenderían a 12.3 millones las personas sometidas a condiciones de esclavitud. Sin embargo, oenegés y expertos elevan esa cifra hasta los 27 millones, cantidad que dobla el número de todos los que fueron arrebatados de África en los tres siglos que duró el tráfico de esclavos.

Frente a la idea extendida, que ubica el fenómeno en las regiones más recónditas y oscuras del globo, la esclavitud ha alcanzado una escala planetaria que, según el Departamento de Estado, habría salpicado en el 2007 a un mínimo de 155 países, entre los que se encuentra España, bien como puntos de origen, pasillos de tránsito o estaciones de destino. De ellos, solo 30 estarían combatiendo a los gánsteres de verdad. Los demás, o no ponen empeño o se tapan los ojos. Forman una lista negra en la que sobresalen China, India, Rusia, Irán, Pakistán, Birmania, Arabia Saudí, Venezuela, el Chad, Costa de Marfil, Sudán, Tanzania, Zimbabue, Corea del Norte, Nigeria, África del Sur o Moldavia.

Son los principales eslabones de una cadena cuya expansión se nutre de un conjunto de causas interrelacionadas entre las que destacan la explosión demográfica, la pobreza, la volatilidad de las fronteras asociada con la globalización, la corrupción gubernamental y policial y la acción de mafias implacables. Pero no se puede olvidar, en su raíz, una demanda de cientos de millones de personas en todo el mundo, para las que no debió haber vergüenza suficiente en la cabaña del tío Tom.

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